En menos de #500palabras

¿Qué es para mí la educación? Por Consol Aguilar Ródenas

  • Compartir con.
  • Cuestionar la realidad (las realidades) y transformar aquello que no nos gusta (por lo menos intentarlo).
  • Favorecer el protagonismo del estudiantado .
  • Ciudadanía crítica, responsable y democrática.
  • Evaluar(nos) y autoevaluar(me) para mejorar.
  • Descubrir.
  • Sugerir.
  • Proponer.
  • Participar.
  • Arriesgar.
  • Pasión.
  • Tesón.
  • Reflexión.
  • Relación.
  • Emoción.
  • Desafío.
  • Búsqueda.
  • Interrogantes que se cierran y abren otros.
  • Deseducación.
  • Indignación.
  • Argumentar desde la razón y no desde la autoridad.
  • Rebeldía.
  • Educación Pública frente a la fagocitación de la educación concertada.
  • Educación en la igualdad que no en el desequilibrio.
  • Educación en la diversidad (desde  todas las diversidades).
  • Respeto.
  • Empoderamiento de todas las personas (y, sobre todo, de  aquellas que no tienen ningún poder).
  • Educación laica y no confesional en un estado aconfesional.
  • Educación para todos y todas en todas las edades.
  • Imaginar.
  • Utopía  y Pensamiento en acción.
  • Educación como bien social que hay que proteger y conservar y no como mercancía para mercadear.
  • Cultura popular unida a la cultura académica.
  • Solidaridad.
  • Ilusión.
  • Formación.
  • Compromiso.
  • Diálogo.
  • Transformación.
  • Vida.

 

¿Cual es el propósito de la Educación? Mejorar la educación y la sociedad

#500palabras escritas por Ramón Flecha

El propósito de la educación es acompañar a las niñas y niños en su entrada en nuestra sociedad y posibilitar que puedan mejorarla. Por supuesto, hay poderes, grupos de interés e individuos que tienen otros objetivos en la educación: ganar dinero, adoctrinar, protagonismo, etc.; pero esos no son propósitos de la educación sino instrumentalización de la educación al servicio de objetivos frecuentemente inconfesables.

Pensemos en el negocio de las ocurrencias, el peor negocio privado de la educación, el que crea más fracaso, exclusión, segregación, racismo y sexismo. ¡Cuántos individuos ganan cuantiosos ingresos, protagonismo, presencia en los medios y poder proponiendo sus ocurrencias en charlas e informes sin que hayan mejorado los resultados de ninguna escuela, de ningún barrio o pueblo! El problema más grave no es lo que ganan inmerecidamente, sino cómo esos beneficios inconfesables hacen que se unan en una defensa corporativa de esas ocurrencias y, por tanto, del fracaso que generan. Haced una lista de los veinte personajes más famosos que conozcáis en educación (que son los que más prestigio y dinero sacan de ella) y comprobad luego de cuántos de ellos sabéis en qué escuela, barrio o pueblo han mejorado los resultados, dónde y cuándo la comunidad científica internacional ha validado sus aportaciones.

Para que la educación pueda avanzar hacia su propósito de mejora hay que romper las cadenas que la atan a esos ocurrentes y orientar nuestras acciones y debates hacia las actuaciones educativas de éxito, las que mayores mejoras están logrando tanto en la práctica como en el desarrollo teórico y científico. Que en el imperio haya salido escogido un presidente afroamericano no hubiera sido posible sin el movimiento por los derechos civiles liderado por Martin Luther King. Sin embargo, ese movimiento no lo creó un hombre, sino una mujer; Rosa Parks lo inició al hacer desobediencia civil negándose a ceder el asiento del autobús a un hombre blanco. Es una pena que los debates educativos olviden o desconozcan que Rosa Parks era en ese momento alumna participante de una de las escuelas más transformadoras del mundo (Highlander), a la que su creador Myles Horton y Paulo Freire dedicaron un libro.

Hay escuelas muy transformadoras en todos los lugares y culturas. El Premio Nobel Amartya Sen está haciendo aportaciones científicas cruciales para potenciar el desarrollo humano, superar desigualdades y avanzar hacia la verdadera justicia. Es una pena que olvidemos o desconozcamos que Amartya Sen fue alumno de la escuela donde daba clases su abuelo y que había sido creada por Rabindranath Tagore, el primer no occidental que consiguió el Premio Nobel de literatura.

Ya hay más de cien escuelas en España y Latinoamérica que se han transformado en comunidades de aprendizaje. Abandonando las ocurrencias y el negocio de los ocurrentes, están recreando en sus contextos las actuaciones educativas de éxito. Están logrando mejoras extraordinarias del aprendizaje instrumental en todas las materias, los valores y las emociones; están transformando la educación y la sociedad.

Sabemos lo que hay que hacer para avanzar hacia el propósito de mejora de la educación. Ahora ya es momento de hacerlo. Cada día que pasa, millones de niñas y niños pierden una nueva oportunidad a la que indudablemente tienen derecho.

 

 

EDUCACIÓN O CATÁSTROFE (#500palabras - M.A. Santos Guerra)

El lenguaje es como una escalera por la que subimos a la comunicación y a la liberación pero por la que, a veces, bajamos a la confusión y a la dominación. Lo peor, a mi juicio, no es que no nos entendamos porque, si así fuera, podríamos hacer algo por aclararnos. Lo peor es creer que nos entendemos cuando, quizás, estemos diciendo cosas no sólo diferentes, sino contradictorias.

El concepto de educación es un caso peculiar que produce mucha confusión. Un padre puede golpear a su hijo brutalmente porque quiere que aprenda y otro ni siquiera aconseja al suyo para que pueda desarrollar su libertad. Los dos dicen que están educando.

No se puede confundir educación con instrucción.

La educación tiene dos componentes básicos, Uno de naturaleza crítica mediante el cual la persona se hace capaz de pensar, de analizar, de discernir. Es el componente al qque se refería Paulo Freire cuando hablaba de pasar de la mentalidad ingenua a la mentalidad crítica. El otro componente es de naturaleza ética. La persona educada tiene y aplica valores, sabe convivir, es solidaria, tiene compasión, conoce y respeta la dignidad de las personas.

No olvidemos que fueron médicos muy bien preparados, ingenieros muy preparados y enfermeras muy capacitadas en su oficio los profesionales que diseñaron las cámaras de gas en la Segunda Guerra mundial. ¿Estaban bien instruidos? Sí. ¿Estaban bien educados? A mi juicio, no. Porque les faltaba el segundo eje sin el cual no hay educación: el eje ético.

No se debe confundir educación con socialización

La socialización hace que las personas tengan éxito en la cultura en la que viven. Para alcanzarlo, las personas tienen que conocer las claves de la cultura y hacer todo lo posible para integrarse felizmente en ella. Pero la educación añade a la socialización la capacidad de poner en tela de juicio la cultura, la capacidad de discernir qué es bueno y qué es malo en ella. Y otra exigencia, que es la capacidad de respetar a las personas que conviven en esa cultura y de aceptar a quienes procedente de otra tienen unas peculiaridades diferentes. Para quien está educado no vale todo con el fin de alcanzar el éxito.

No se debe confundir educación con indoctrinación

El indoctrinador está atento a los valores, pero los impone por la fuerza, no admite la libertad del educando. Un valor que se impone por la fuerza deja de ser un valor. El educador, por el contrario, vive y propone valores, pero respetando la libertad del educando a rechazarlos y a construir su propia escala ética.

Por todo ello yo creo que la auténtica educación pretende desarrollar las capacidades del individuo pero con el propósito de construir una sociedad más justa y habitable. La educación proporciona al individuo las herramientas necesarias para comprender el mundo, para saber por qué pasan las cosas y, a su vez, le brinda valores para que pueda buscar una convivencia presidida por la solidaridad y la compasión.

Por eso pienso que la educación es la más importante revolución pacífica de la historia. Y por eso comparto el pensamiento de Herbert Wells: “La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe”.

 

Miguel Ángel Santos Guerra

 

#500palabras - Jose Mari Murillo

El propósito de la educación

José María Murillo

A mi modo de ver hay tres clases de propósitos.

Los propósitos formales, manifestados, explícitos, serían aprender, formar, educar, socializar, adquirir las competencias y valores que proporcionen una igualdad de oportunidades en la sociedad.

Los propósitos implícitos, ocultos, serían integrar, uniformar, disciplinar y clasificar a los individuos para facilitar su dominación. Desde el punto de vista del Estado la educación debe proporcionar las habilidades necesarias para el desempeño de algún trabajo productivo que alimente el Sistema así como las competencias democráticas que garanticen el gobierno de dicho Sistema, también llamado Estado de Derecho.

Los propósitos de la gente, difusos, serían precisamente defenderse de la dominación, adquiriendo las herramientas necesarias para ser libres en vez de dominados.

Entre estos tres parámetros se mueve la escuela, la institución encargada de la educación, y nos movemos los docentes, los encargados por profesión de llevarla a cabo. Y esos tres parámetros resultan ser profundamente contradictorios entre sí. Con una mano alimentando la dominación y con la otra estimulando la rebelión, o al menos, proporcionando las herramientas imprescindibles para llevarla a cabo.

Por sorprendente que parezca, cuando planteas la cuestión a un profesional de la educación no sabe qué responder, o improvisa una respuesta para salir del paso. Lo mismo ocurre cuando preguntas qué se debería enseñar y aprender en la escuela, siempre obtienes la respuesta "lo de siempre", con muy ligeras variaciones. Y es que la educación parece el reino de lo obvio. Siempre metida en planes de renovación, paradójicamente parece que por ella no pasa el tiempo. Cualquier novedad está bien vista... siempre que no afecte a lo fundamental, que por otra parte es algo que nadie se atreve a definir, ya que se da por hecho y por sabido. La escuela tan solo se parece a sí misma; aunque en teoría evoluciona como la sociedad, en la práctica siempre da la impresión de ir a remolque. En pocas instituciones hay tanta resistencia al cambio. Por no hablar de la cantidad de docentes que piensan que la educación tiene lugar en la familia, dejando sin función a la escuela y al mismísimo ministerio de educación. O limitando las funciones a mejorar a los "buenos", sí, los llamamos así, y resignarnos a no hacer nada con los que "no hay nada que hacer". Sin embargo los llamados avances pedagógicos han surgido de ahí, de la discapacidad, la marginación o la pobreza. Y es que no hacen falta doctorados para enseñar a leer al que ya sabe hacerlo. Así que unos "aprueban" y otros "suspenden", ellos, de su mano mayor, únicos responsables de sus propias desgracias si no dan "el nivel".

Soy maestro de primaria y trabajo como profesor de música en un colegio público de Castro
Urdiales, en Cantabria. Antes lo hice en Catalunya, pero de eso ha pasado mucho tiempo.